lunes, 24 de abril de 2017

LOS AÑOS SILENCIOSOS DE JESÚS


María y José saliendo de Belén

José y María eran un matrimonio como tantos otros que vivían en el pueblito de Nazareth. En cierta ocasión tuvieron que viajar hasta la ciudad de Belén, para apuntarse en la lista o censo que había ordenado hacer la autoridad de aquel tiempo. Estando en Belén se cumplieron los días en que María daría a luz y al niño que les nació le pusieron por nombre Jesús. Después de haber recibido la visita de los Reyes Magos que llegaron de Oriente, Dios le avisó a José por medio de un sueño que huyera a Egipto con María y con el Niño Jesús, para evitar que a éste lo asesinaran   los soldados del Rey Herodes. Después de que Herodes murió, regresaron de nuevo a Nazareth. Cuando Jesús cumplió doce años fue con sus padres a Jerusalén durante la fiesta de Pascua. Ahí se le perdió por tres días, hasta que lo encontraron en el templo de aquella ciudad discutiendo con los hombres más entendidos en asuntos de religión. Luego regresó con sus padres a Nazareth.  En el Evangelio de San Lucas, podemos leer lo siguiente: “Y bajo con ellos y vino a Nazareth, y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los Hombres”.
Fuera de esto, los Evangelios dicen muy poco acerca de la vida de Jesucristo en esos años. Por este motivo hay quienes afirman que se fue hacer estudios a otros países y que también estudió con un grupo o secta religiosa que había en Palestina. Pero no hay bases para creer esto.
La Sagrada Escritura dice que José era carpintero. Po lo tanto, podemos pensar que Jesús aprendió de José este oficio y que también de su padre y de su madre escuchó las enseñanzas y tradiciones del pueblo israelita. Asistió en el templo a las explicaciones que se daban sobre las Escritura y ahí aprendió a leerlas.
Todo parece indicar que Jesús llevó una vida sencilla de trabajador. Pues cuando comenzó a predicar, los judíos se admiraban de su sabiduría. En el capítulo 13 del Evangelio de San Mateo se lee lo que sigue: “…y viniendo a su pueblo le enseñaba en el templo, de manera que asombrados se decían: ¿De dónde le vienen a éste tal sabiduría y tales poderes?  ¿No es éste el hijo del carpintero?”
Jesús en la asamblea de ancianos
Tal y como lo enseña  la iglesia, nosotros creemos que Jesús se dedicó a trabajar como carpintero durante los años de su vida escondida. Su trabajo debe hacer sido especial. Las cosas que de sus manos salieron deben haber sido perfectas. Entre las cosas que se han conservado en los museos a través de los tiempos, algunas deben ser del tiempo en que vivió Jesucristo en el mundo. Por eso pensamos a veces que entre esas cosas tal vez haya alguna hecha en el taller de José. Alguna hecha por las manos de Jesús.
Eso años de Jesús dedicados a un oficio corriente nos enseñan que el trabajo es un bien. Por medio del trabajo, el hombre trasforma las cosas de la naturaleza y las acomoda a sus necesidades de la familia y las virtudes que trabajando se adquieren sirven de guía para educar a los hijos.
 En trabajo bien entendido nos acerca a Dios y trabajando podemos ayudar en la salvación de los seres humanos y del mundo. Dios creó al hombre y le ordenó gobernar el mundo con santidad y justicia. Le ordeno someter a su dominio la Tierra. Por eso el trabajo es santo cuando se orienta hacia Dios y se le reconoce a Él como Creador de todas las cosas. 
Entonces no solo trabajaos para obtener el sustento sino que también lo hacemos en servicio de nuestros hermanos.
Muchas personas piensan que las conquistas logradas por la humanidad se oponen al poder de Dios, pues lo hombres pretenden convertirse en rivales de Dios. Pero los cristianos debemos entender que todas las victorias conseguidas por el hombre son una señal de la grandeza de Dios. Sin olvidar que cuando más poder obtenga el ser humano mediante el trabajo, más responsable tiene que ser y más tiene que preocuparse del bien de los demás.
El Papá Juan Pablo II dijo en una encíclica: el sudor y la fatiga del trabajo, ofrecen al cristiano y a cada hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar en el amor a la obra que Cristo ha venido a realizar. Esta obra de salvación se ha realizado a través del sufrimiento y de la muerte en la cruz. Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el hijo de Dios en la redención de la humanidad. Se muestra verdadero discípulo de Jesús llevando a su vez la cruz de cada día en el trabajo que ha sido llamado a realizar. 
Nazareth

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